12 may. 2015

PATRICIO FOGLIA/ En su mirada -fija en el horizonte- reluce la vitalidad de un nadador olímpico a punto de ejecutar su esbelto splash: su movimiento dorado

LUGANO 1 y 2 de Patricio Foglia (Viajero Insomne editora).





Estos poemas de Patricio son del pasado que se hace presente, pero si el pasado es nebuloso y es el idioma hachado, frágil y eléctrico, si la memoria es una forma de energía, si la pérdida del recuerdo late en las mismas cuerdas invisibles que lo contienen,  estos hermosos poemas emergen en el presente con escafandra para hablarnos del futuro, ese extraño instante a punto de ejecutarse en el esbelto splash de cada quien, porque el futuro es la vitalidad -nadadora olímpica-  en su puro movimiento dorado, antes de producirse.

¡Gracias Pato!


Recomendamos con alegría este bello libro.





LA ESCAFANDRA








:::::


Desde el muelle, parecía tener unos
quinientos años.

Primero vi algo informe
acercándose
desde lo alto de un médano
y después descubrí
un antiguo traje submarino
que avanzaba con dirección a las aguas, al calor
del atardecer en la playa.



::::


Al llegar a la orilla
se detuvo y con parsimonia se colocó
una escafandra y continuó su camino
hasta fundirse
con el mar que lo esperaba, y que ya era
una fuente de bronce.


:::


Todas las tardes
llegaba el traje submarino
y sin detenerse avanzaba
directo hacia el mar
con el paso seguro de un héroe griego
que conoce y acepta
lo que han entrevisto los oráculos.






:::


Cada tarde observo
su peregrinar y siento en su marcha
cómo el sol acaricia
cada grano de arena, cada roca del muelle
con la atención de un padre contrariado
que ha permanecido tal vez
demasiado tiempo fuera de casa
y la luz ilumina hasta el polvo
que flota y se esparce
y el traje también recibe la caricia, la demorada
bendición de la tarde.



:::


A veces imagino
que en sus periplos subacuáticos
camina y camina
hasta traspasar una frontera nebulosa
hasta alcanzar el éxtasis
allá abajo, con toda la oscuridad circundante y los ojos cerrados
con ese cielo líquido
gestando el oleaje que baila sobre su cabeza.








:::


En su mirada -fija en el horizonte-
reluce la vitalidad de un nadador olímpico
a punto de ejecutar
su esbelto splash: su movimiento dorado.



:::



¿Será el espectro de santa Teresa
que muere porque no muere
gozando de dolor? ¿Será un recuerdo cualquiera
el recuerdo por ejemplo de mi abuela, que lloraba y se reía
al mismo tiempo
contando siempre la misma historia?
¿Será algún ángel marítimo?
En su procesión diaria, camina
directo hacia el mar
con la dicha de un devoto
que ofrenda su cuerpo a la piedad
de un dios profano y acuoso.







:::



Hay gente que posa el oído
en un caracol para sentir
el rumor del mar. Yo miro cada tarde
el avance del traje por la arena
y siento en mi pecho la música
de un solitario atardecer en la playa



:::



Podría haber sido una madreperla
o algún vitraux representando
un arrecife de coral.
Podría haber sido cualquier cosa
Hubiese preferido cualquier cosa
antes que tener que encontrarme
justo al caer la noche
con la escafandra abandonada
tan llena de preguntas, como toda calavera.





:::


Pasada la sorpresa,
con la escafandra en mis manos
me tienta jugar con la máscara de un fantasma
en medio de esta arena vacía.
Me la pruebo:
mis ojos se vuelven alcalinos.



::::



Es medianoche y soy un autómata
mis pasos me pertenecen y no me pertenecen
y ya empiezo a sentir
la espuma en mis pies
cubriendo cada poro
de mi piel de hojalata.
Alrededor cada átomo es una burbuja:
imantado, me dejo llevar
avanzo hacia el horizonte.











No hay comentarios:

Publicar un comentario