16 jul. 2015

Distinguíamos volúmenes en las nubes y formas de ser en un árbol sabíamos que semillas redondas hacen frutas carnosas





Distinguíamos volúmenes

en las nubes y formas de ser
en un árbol
sabíamos que semillas redondas
hacen frutas carnosas
que un día es feo y sublime a la par
cuando un ojo descansa
el otro trabaja el doble
ve al revés aunque no quiera
la flor de cactus, se liba
la primavera, se espera.

Venerábamos al sol
así de luminosos
desde el lado oscuro de la fuerza
profanadores de nidos
abríamos enormes
los ojos carniceros
ante cualquier bajeza.

Creíamos en esclavos:
un grillo doméstico sin alas
un saltamontes hoja
del jardín a la caja
capaces de contemplar
su muerte en nuestras manos.

La venganza en el corazón
los venenos a la luz del día
predadores y sanguinarios
empuñábamos deseos
como agujas de zurcir
y por la noche rezábamos
tristezas
por el cascarudo atado
lágrimas tardías
por ranas mutiladas
una pena horrible
por incriminar a un inocente
espinas en las manos

y al día siguiente esparcir
con odio mortal
desde el borde a la entraña
agua hirviendo al hormiguero.

No teníamos ni una verdad
lo que de día nos excitaba
por la noche nos hacía llorar
éramos vagabundos
pero obedientes
invisibles pero temerosos.
Teníamos un jardín
el pelo con piojos
conocer se trataba
de mirar detenidamente
lo importante se decía
al oído.

No más.

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