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Claudia Prado: el resto de una tarde demasiado luminosa

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Los poemas de Claudia Prado rebozan de una belleza sutil y están escritos en ese tono medio que se alcanza con paz y sabiduría, ambas imprescindibles cuando lo que se dice es de verdad importante.
En los poemas de amor hay una indulgencia hacia el otro y hacia el sentimiento amoroso mismo. Ella dice sin estridencias ni destellos superfluos. La lectura de sus poemas me instala en un lugar de calma, esa calma que puede ocurrir en el resto que queda de una tarde demasiado luminosa.


Aquí una selección de poemas de Prado que son los que más y mejor me hablan a mí, porque me enseñan la profundidad y la certeza que requiere la tarea de llegar hasta el fondo de las cosas.

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piedritas 2 Sólo ese día hizo calor,
el primero, después
se terminó el verano.
El lago brillaba
y nos sentamos a tirar piedritas
y a imaginar una vida nueva
en la que bastaría
con girar la cara
para que nos diera el sol.
Vos elegías las tuyas
cuidadosamente
y las arrojabas
con ese movimiento preciso
que me llev…

Flores para el jardín desde Bolivia, un día lleno de bendiciones y la Hija de la Cabra

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A veces ocurren cosas, llegan bendiciones, los jardines se llenan de flores inesperadas. Curarse es moverse, aún cuando el alma ronde sus nocturnas moradas, el cuerpo busca la tierra y entonces todo puede resultar propicio.
Esta foto hermosa que ilumina el jardín llega desde Bolivia, la manda una amiga adorada. Mientras tanto, la sangre tira y nos trae hasta Humahuaca. Aquí, corregimos, contemplamos, nos damos el tiempo para saber quiénes somos, nada fijo, por supuesto, ya que todo va y viene si se tienen cerca un cerro, una niña con nombre quechua con la que se recogen piedras en el lecho de un río y se pelan yuyitos para hacer tecitos sanadores, una novela por corregir y cuatro amigas que esperan noticias y devuelven flores. Aquí un adelanto, de la Juana, La hija de la cabra, esa novela que este año se convertirá en libro.
El árbol de la justicia y del suplicioMédanos, desierto y montes. El sol subió y el viento arrastró animales. Las ropas, andrajos; la cara, mugrienta. Una máscara de …

Susana Thenon: ningún jardín justifica el amor que se ahoga desaforadamente

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(Foto: del libro "Poesías Tempranas", por Susana Thenon)



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POEMA
“Yo creo en las Noches”.
R. M. Rilke


Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica
el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca
y que ninguna piedra de color, ningún juego,
ninguna tarde con más sol que de costumbre
alcanza a formar la sílaba,
el susurro esperado como un bálsamo,
noche y noche.
Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe
cuando el no, el adiós,
el minuto recién muerto, irreparable,
se levantan inesperadamente y enceguecen
hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.
Como un hambre, como una sonrisa, pienso,
debe ser la soledad
puesto que así nos engaña y entra
y así la sorprendemos una tarde
reclinada sobre nosotros.
Como una mano, como un rincón sencillo
y umbroso
debería ser el amor
para tenerlo cerca y no desconocerlo
cada vez que nos invade la sangre.
No hay silencio ni canción que justifiquen
esta muerte lentísima,
este asesinato que nadie condena.

Hebe Uhart, la benemérita: la alegría es un trabajo como cualquier otro

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Decís: Qué se hace cuando se está triste como un gorrión moribundo, poco, pienso, qué se hace cuando sos un gorrión moribundo penando en soledad porque tenés el corazón partido en dos mil doscientas esquirlas y a nadie le importa o mejor dicho a la única persona que le tiene que importar, ni le va ni le viene, como diría H.U.; qué se hace gorrión moribundo cuando estás frente a uno de los atardeceres más hermosos que has visto y seguramente no vuelvas a ver, y se te escapa como si fuera un huevo que se cae y se rompe, nada, pienso, el corazón despedazado, sin consuelo, un gorrión moribundo y estás en un lugar que derrama belleza y el sonido es de pájaros desorbitados hablando o piando vitales como cancionistas portuguesas y la belleza se vuelve una canilla goteando, hay una pileta que no tiene horizonte, el agua baila levemente movida por la brisa que a tu pesar es bastante alegre sin esfuerzo alguno, un pájaro de pecho amarillo sol te camina cerca y el horizonte es verde, violeta ver…

Donde todo calor provenga de una furtiva lágrima /BLANCA VARELA

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Blanca Varela (Lima, 1926) POEMA Hoy estás en los brazos
de mi feroz imaginación
brazos que han matado
brazos con que tapo mis ojos
con un gesto de lobo
para buscarte un hogar
un lento y suave infierno
donde todo calor
provenga
de una furtiva lágrima
oh líquido mundillo
oh jadeante fantasma
no eres
sino el ojo que estalla
y que deja caer
como si no ocurriera
sus mejores colores
en mi entraña
ojo que hociquea
que peino con la más pura saliva
aquí en mis brazos
entre mis torpes alas de mamífero
la muy compuesta y perdurable nada
para siempre te guarde
y el buen mal ojo salta
y se eleva en el oscuro cielo de mi lecho
y ese cielo
es el marco impreciso de una frente
que ya no reconozco
esa sombra ese objeto esa cosa
con boca con nariz y con oídos.


Louise Bourgeois: el miedo, el trauma, el gran arte

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( Fotos de fragmentos de la obra de Louise Bourgeois por Alejandro Cervera)




Mamá -araña
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The Destruction of the Father trata del miedo, el miedo normal, común y corriente, el miedo real y físico que sigo sintiendo. Lo que me interesa es la capacidad de dominar el miedo, ocultarlo, huir de él, enfrentarlo, exorcizarlo, avergonzarse de él y finalmente, tener miedo a tener miedo. Ese es el tema. No soy una experta, pero sé lo que es el miedo; sé lo que el miedo nos puede llevar a hacer. ¿Qué podemos hacer con el miedo, el miedo común y corriente? ¿Escaparnos? Hay una larga lista de cosas que podemos hacer. Las personas inmaduras creen que pueden conquistar el miedo –aunque en realidad no lo conquistan, sólo creen que lo hacen desaparecer– enamorándose. ¿No es así? Uno se engaña, simula estar enamorado para no sentir la punzada del miedo. Nos “enamoramos” de alguien a quien tememos, provocamos un cortocircuito con el miedo y entonces no lo sentimos. Pensemos en la serpiente y el …

Javier Foguet: este eucalipto que respira como un fuego

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Crónica de Barranco
En Barranco habité una casa indescriptible: muelle completado con restos de un naufragio de la Corona… Mi habitación miraba al espacio, por el lado del mar, con un ojo humeante de bruma… La mujer mitad mujer mitad sapo que presidía me comunicó sus tablas: no probar cocaína en dirección a los pájaros de la playa, pero por sobre todo, no dar alimentos al cachorro que ocupaba el cuarto más amplio de nuestro palacio: nunca había visto un jaguar que mirase con tanta intensidad las olas detrás de un ventanal y a mí me atacó una impaciencia de ser, de poesía, que me obligó a profundizar los vagabundeos y la soledad para volver con hambre a los tabiques de pobreza, a la melancolía pura de mi joven vecino… (La casa-muelle se derrumbó durante los terremotos que remecieron la costa de Perú la tarde del 15 de agosto de 2007.)
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A Iquitos por agua El cacao con agua y canela tenía en los platos el mismo color, las mismas vetas que los montículos de río junto a las…

Poetas dilectos en La noche del cazador: Gruss, Esses, Ainbinder, Foguet, no me lo perdería, jamás de los jamases

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Yaki Setton: el sujeto hablando consigo mismo y una lengua que no alcanza a explicarlo

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Yaki Setton, gran poeta, autor de numerosos libros, publicó a fin del año pasado Nombres propios por Bajo la luna.
Hemos llevado y traído el libro en nuestra mochila durante estos meses, porque exige una lectura atenta, profunda, anclada en un silencio que permita oír todo lo que allí se dice.
Cada poema da cuenta de una tragedia, narrándola con recursos poéticos certeros que se condensan en una escritura colmada de referencias, de ritmos, de voces y preguntas que nos permiten y obligan a leer y buscar, tanto en el poema mismo como en la historia, lo que se dice y otro poco más. Por eso, Nombres propios es un libro que se lee bien sólo con el tiempo necesario. Aquí algunos de los poemas de este libro que es sin duda necesario y bello.
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Phoenix Yo sé que murió el 31 de octubre de 1993 a la 1:51 de la madrugada cuando salía del Viper Room en las afueras de Los Angeles tirado sobre el asfalto y hecho un ovillo en brazos de Joaquín, pero te veo ahí, tan luminoso, tan feliz que no puedo cr…