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Sin palabras

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Derek Walcott: Ciertas tristezas no son inmensas, sino fatales

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Volcán
Joyce le temía a los relámpagos,
pero los leones rugieron durante su sepelio
desde el zoológico de Zurich.
¿Era Zurich o Trieste?
No importa. Éstas son leyendas, en tanto
sea leyenda la muerte de Joyce,
o el fuerte rumor de que Conrad
ha muerto, y que Victoria es irónica.
Al borde del nocturno horizonte
desde esta casa de playa en el acantilado,
pueden mirarse ahora, hasta el amanecer,
dos resplandores que llegan —millas mar adentro—
desde las plataformas petroleras;
se asemejan al resplandor de un puro
o al resplandor del volcán
al final de Victoria.
Uno podría abandonar la escritura
por las señales lentamente ardiendo
de lo grandioso, y ser, en cambio,
su ideal lector, reflexivo,
voraz, haciendo que el amor por las obras maestras
sea superior al intento
de repetirlas o superarlas,
y convertirse en el mejor lector del mundo.
Por lo menos esto requiere asombro,
algo que se ha perdido en nuestro tiempo;
demasiada gente que lo ha visto todo,
demasiada gente capaz de predecir,

Derek Walcott: Ciertas tristezas no son inmensas, sino fatales

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Volcán

Joyce le temía a los relámpagos,
pero los leones rugieron durante su sepelio
desde el zoológico de Zurich.
¿Era Zurich o Trieste?
No importa. Éstas son leyendas, en tanto
sea leyenda la muerte de Joyce,
o el fuerte rumor de que Conrad
ha muerto, y que Victoria es irónica.
Al borde del nocturno horizonte
desde esta casa de playa en el acantilado,
pueden mirarse ahora, hasta el amanecer,
dos resplandores que llegan —millas mar adentro—
desde las plataformas petroleras;
se asemejan al resplandor de un puro
o al resplandor del volcán
al final de Victoria.
Uno podría abandonar la escritura
por las señales lentamente ardiendo
de lo grandioso, y ser, en cambio,
su ideal lector, reflexivo,
voraz, haciendo que el amor por las obras maestras
sea superior al intento
de repetirlas o superarlas,
y convertirse en el mejor lector del mundo.
Por lo menos esto requiere asombro,
algo que se ha perdido en nuestro tiempo;
demasiada gente que lo ha visto todo,
demasiada gente capaz de predecir,

CAROLINA ESSES: Son pájaros o es la espuma que golpea como al bies la piedra

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Carolina Esses, amiga, persona favorita, poeta de las profundidades y de esa naturaleza que no contemplamos sino que nos atraviesa el cuerpo, con quien comparto el amor por la poesía y la escritura tiene un libro precioso y preciado: Temporada de Invierno. Antes de Temporada, habíamos publicado juntas, con Cecilia Romana, Duelo, en Ed. en Danza. Nos conocimos hace varios años en un taller que dio Irene Gruss y desde allí leemos, conversamos y nos reímos mucho. Va una muestra de sus poemas a los que considero una maravilla
(El último de esta selección me lo regaló y para mí es pura felicidad, como todos los demás, pero ese más sentimentalmente).
Hay mucho más para leer de su obra aquí http://unatemporadadeinvierno.blogspot.com/search/label/Algo%20de%20lo%20m%C3%ADo
Abajo, las reseñas que recibió Temporada. ::::::::
Como una procesión antigua
como si alguien dijera afuera está helando
una manada de bisontes ha hecho cueva
en nuestro silencio cotidiano.

Husmean
como chicos encerrados en depa…