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Silvina Ocampo en conversación con María Moreno: El lugar más hermoso de la tierra , donde las nubes son las montañas; las flores moradas o el lino, el mar; los espejismos, la orilla de un lago

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Aquí lo mejor que encontré hoy, la gran María Moreno frente a la gran Ocampo en ese duelo de fulgores resplandecientes de pura inteligencia y curiosidad, pasiones raras y gracias provocativas.
Por María Moreno En los años ‘70, Silvina Ocampo no daba entrevistas. Pero se permitía coquetear por teléfono si escuchaba una voz joven. No se negaba de entrada. Imponía condiciones, con la seguridad de que no serían cumplidas. A mí me propuso que le enviara un cuestionario donde ninguna pregunta tuviera que ver con la literatura. Yo, alentada por una voluntad irresponsable, lo logré. Mi admiración por Silvina Ocampo se debía más a sus mitologías que a su calidad literaria. Yo imaginaba que ella amaba parar la oreja en las antecocinas, ser médium de las Clotilde Ifrán, las Ana Valerga y los Celestino Abril, nombres simples llevados de la cátedra oral barriobajera a sus personajes. Si Freud convirtió la pasión de Juanito por los caballos en miedo y a los caballos mismos en una suerte de ectoplasma…

Jorge Aulicino: pedí misterio, leguas. Pedí divinidad

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¿Qué harás con los días si te dan la oportunidad? Acertada pregunta y dichosa respuesta de Jorge Aulicino.


Una selección de poemas de su último libro:
1 Qué harás con los días sucios y fríos, cuando el gato trepa a la ventana y el tiempo recorta con salvaje continuidad el perfil de los edificios del cielo.
Apenas dos o tres días, y la habitación luce desordenada, desierta ruedan por el suelo pelusas y fragmentos de hojas secas y la tierra que entra por las rendijas, ávida de habitar los huecos grises del pensamiento que no ha sido tratado durante semanas. Amplia de alas y de rimas, la literatura abandonada. Qué harás con los días si te dan la oportunidad.
Pedí misterio, leguas. Pedí divinidad.
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Recuerdo de Ming Ch’e Carta a su hermano Su Che ¿Qué es nuestra vida en el mundo? Gansos migratorios en bandada descansan un momento sobre la tierra nevada. Luego alzan vuelo hacia el Este, tuercen al Oeste y sólo quedan huellas de sus patas en la nieve. Murió el monje anciano, hay una lápida con su nombre y …

Elizabeth Bishop: Conversación

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Conversación


El tumulto en el corazón
no para de hacer preguntas.
Y después se detiene y emprende la respuesta
en el mismo tono de voz.
Nadie notaría la diferencia.

Sin inocencia, estas conversaciones empiezan,
y después ocupan los sentidos
aunque no querían hacerlo del todo.
y después no hay sentido;

hasta llegar a un nombre
y todas las connotaciones son iguales.
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Traducción de Cecilia Pavón, tomado de su blog http://oncesur.blogspot.com/

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Elizabeth Bishop. Photograph: Courtesy Vassar College Library, New York

Claudia Masin: la gracia

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Hoy celebramos a Claudia Masin, la que tiene la gracia de las palabras, la que lleva hoja, flor y fruto todo junto, a quien bestias y flores se le arroban a los pies.

Una selección personal de algunos poemas de Claudia Masin. La gracia

A veces, muy raramente, un encuentro nos conmueve
de una forma que no puede ser atenuada por el pensamiento
o el lenguaje. Es que trae una memoria
de lo que fue íntimamente conocido y deseado, pero ha sido
desplazado a un lugar inalcanzable, de donde no sabría volver
a menos que una persona -entre todas- lo llamara. Somos
criaturas tímidas que no han hallado, en respuesta
a su curiosidad, a su pasión por todas las cosas, más que daño
o rechazo. Como animales que han luchado demasiado por su vida,
no sabemos qué hacer con la alegría, y si llega,
seguimos huyendo para salvarnos. Si lográramos vencer el terror,
si nos quedáramos, podríamos recuperar algo
perdido hace tiempo. La dicha más plena es una dicha física
y debería producirse sólo una vez,
antes de q…

Té con obra de otoño

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Henri Michaux: ¿Dime de verdad no volveremos a encontrarnos nunca más?

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¿Nausea o es acaso la muerte que llega? Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
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La muerte de un caballo
Hacienda Guadalupe, cerca de Pelileo, Ambato, 6 de la mañana 11 de Julio
Apenas acabábamos de salir De repente murió Quiso saltar Y murió. Yo iba dela…