Sylvia Plath/¿Es el mar lo que oyes en mí, la ansiedad del mar? ¿O es la voz de la nada, tu locura?






Dos traducciones de Olmo de Sylvia Plath/ Mirta Rosenberg/ María Julia de Ruschi Crespo


Olmo
Para Ruth Fainlight

Conozco el fondo, dice. Lo conozco con mi gran raíz principal
Eso es lo que temés.
Yo no temo: he estado allí.

¿Es el mar lo que oyes en mí,
sus insatisfacciones?
¿O la voz de la nada, que era tu locura?

El amor es una sombra.
Cómo mientes y lloras por él.
Escucha: esos son sus cascos: se ha marchado, como un caballo.

Toda la noche cabalgaré así, impetuosamente,
Hasta que tu cabeza sea una piedra, tu almohada algo de hierba
con su eco, con su eco.

¿O te traeré el sonido del veneno?
La lluvia ahora, este gran silencio.
Y éste es el fruto de ella: blanco como hojalata, como el arsénico.

He sufrido la atrocidad de las puestas de sol.
Agostada hasta la raíz
mis filamentos rojos arden y permanecen, una mano de cables.

Ahora me rompo en pedazos que vuelan como garrotes.
Un viento de tal violencia
no tolerará ser ignorado: debo gritar.

También la luna es despiadada: me arrastraría
cruelmente por ser estéril.
Radiante, me vitupera. O tal vez yo la he atrapado.

La suelto. La suelto
disminuida  y chata, como después de una cirugía radical.
Cómo tus malos sueños me poseen y me colman.

Estoy habitada por un grito.
Cada noche sale volando
buscando, con sus garfios, algo para amar.

Me aterra esta cosa oscura
que duerme en mí;
todo el día siento sus giros suaves y plumosos, su malignidad.

Pasan las nubes y se dispersan.
¿Son las caras del amor, esas pálidas irrecuperables?
¿Pos eso agito mi corazón?

Soy incapaz de mayor conocimiento.
¿Qué es esto, esta cara
tan criminal como su estrangulación de ramas?-

Su beso tortuoso y ácido.
Petrifica la voluntad. Estos son los efectos lentos, aislados
que matan, que matan, que matan.

(De Ariel, 1965)

Traducción de Mirta Rosenberg. Tomada de Diario de Poesía 82

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Olmo

Para Ruth Fainlight

Dice: conozco el fondo. Lo conozco con mi profunda raíz.
Tú le temes.
Yo no: estuve ahí.

¿Es el mar lo que oyes en mí,
la ansiedad del mar?
¿O es la voz de la nada, tu locura?

El amor es una sombra.
Cómo mientes y lloras por él.
Escucha: estos son sus cascos: se fue, como un caballo.

Resonando, resonando,
Toda la noche galoparé como él, impetuosamente,
Hasta que tu cabeza sea una piedra y tu almohada un poco de césped.


¿O he de traerte el sonido de venenos?
Esta gran calma es la lluvia.
Y éste es su fruto blanco acerado, se parece al arsénico.

He sufrido la atrocidad de las puestas de sol.
Abrasados hasta la raíz,
mis filamentos rojos arden y resisten, una mano de alambres.

Ahora me rompo en pedazos que vuelan como clavas.
Un viento tan violento
no tolerará espectadores. Debo aullar.

También la luna es cruel: me arrastraría
sin piedad, si fuese estéril.
Su resplandor me hiere. O tal vez la he atrapado.

La dejo ir. La dejo ir.
Disminuida y aplastada como después de una cirugía general.
¡Cómo me poseen tus pesadillas y me enriquecen!

Me habita un grito.
De noche se agita
buscando con sus garras algo para amar.

Me aterra esta cosa oscura
que duerme en mí;
todo el día siento su suave insidia, su malignidad.

Las nubes pasan y desaparecen.
¿Son así los rostros del amor, tan pálidos e irrecuperables?
¿Por eso se conmueve mi corazón?

Ese es todo mi saber.
¿Qué es eso, esa cara asesina
ahorcada entre las ramas?—

Sus ácidos ofídicos besan.
Petrifica la voluntad. Estas son los lentos y torpes deslices
Que matan.

Traducción de María Julia de Ruschi Crespo.


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