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Mostrando entradas de marzo 12, 2014

TOM MAVER/ LA IDEA era hundir los pies en la arena caliente cerrar los ojos y desaparecer, dejar sólo los pies como se deja la mirada frente al mar.

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En este jardín mantenemos la sana costumbre de pastorear con mansedumbre y pasar el tiempo en compañía de quienes nos gustan, nos encantan, nos emocionan y admiramos.
Desde hace varios días un libro nos ilumina. Aquí compartimos los primeros y los últimos poemas de Yo, la incesante nieve (Huesos de Jibia, 2009)  al que recomendamos devorar suavemente y por completo.
¡Muchas gracias, querido Tom!

A LO LARGO de mi vida

construí muchas casas.
De todas me fui, las dejé vacías,
plenas. Entre una y otra fui encontrando
una soledad donde mi alma aprendió
que lo que amamos no tiene protección.


Ninguna de ellas me pertenece.
Para mí, las paredes, los cuartos de baño,
las piezas, responden sólo –ahora lo veo
a la tenue organización de la nada.
¿Cómo dejar intactos los cimientos
de mi errancia,
si todas las puertas están abiertas
para que llegue a cualquier punto
de su encierro?
Pero si no hay adónde ir
en rigor, no podemos ser prisioneros.


Bajo cada techo
pienso con tranquilidad y malicia:
Estos refugios que amparan…