21 sept. 2010

Las palabras más deseadas (Alice Munro)



Para festejar la llegada de la primavera invité a tomar el té en el jardín a esta magnífica Señora



Y me dijo:

Las palabras más deseadas pueden cambiar. Algo puede ocurrirles, mientras se espera. “Amor, necesidad, perdón. Amor, necesidad, para siempre.” El sonido de esas palabras puede convertirse en un estruendo, un ruido de taladradoras en la calle. Y lo único que se puede hacer es echar a correr, para no someterse a ellas por la fuerza de la costumbre.
En las tiendas del aeropuerto ve varias cajitas, hechas por aborígenes australianos. Son redondas, ligeras como monedas pequeñas. Coge una con un dibujo de puntos amarillos, distribuidos irregularmente sobre un fondo rojo oscuro. Encima hay una figura negra, hinchada, quizás una tortuga, con las cortas patas extendidas. Impotente, de espaldas.
Gail piensa: un regalo para Cleata. Como si todo el tiempo que ha pasado allí hubiera sido un sueño, algo que podía eliminar, al volver al lugar de su elección, a otro comienzo.
No para Cleata. ¿Para Will?
Los puntos amarillos así desparramados le recuerdan algo que había visto el otoño pasado. Algo que vieron Will y ella. Una tarde soleada, salieron a dar un paseo. Fueron desde su casa río arriba, siguiendo la orilla cubierta de árboles, y de pronto se toparon con un espectáculo del que habían oído hablar pero que nunca habían visto.
Había cientos, quizás millares de mariposas colgadas de los arboles, descansando antes de emprender el largo viaje por las riberas del lago Hurón y atravesar el lago Erie, para después dirigirse al sur, a México. Estaban colgadas como hojas de metal, de oro batido, como copos de oro que se hubieran prendido de las ramas,.
-Como la lluvia de oro de la Biblia- dijo Gail.
Will le explicó que confundía Júpiter con Jehová.
Aquel día Cleata había empezado a morir y Will ya conocía a Sandy. Aquel sueño ya había empezado: el viaje de Gail y sus engaños; después las palabras que había imaginado o creído oír al otro lado de la puerta.
“Amor. Perdón.
“Amor. Olvido.
“Amor. Para siempre,
Taladradoras en la calle.
¿Qué poner en una caja así antes de envolverla y enviarla muy lejos? ¿Una bolita, una pluma, una pastilla muy potente?
O una nota, doblada hasta reducirla al tamaño de un escupitajo.
Ahora tu sabrás si quieres seguirme.
(Fragmento de El Jack Randa Hotel, Secreto a voces, ed. Del Nuevo Extremo 2010)

2 comentarios:

  1. el más hermoso fragmento del más hermoso relato de "secretos a voces". Te doy un abrazo.

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  2. Clau, una visita "tan deseada".
    Volvé a pasear por este jardín, así compartimos hermosas lecturas. Beso.
    M

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