15 mar. 2011

Yaki Setton: el sujeto hablando consigo mismo y una lengua que no alcanza a explicarlo



Yaki Setton, gran poeta, autor de numerosos libros, publicó a fin del año pasado Nombres propios por Bajo la luna.

Hemos llevado y traído el libro en nuestra mochila durante estos meses, porque exige una lectura atenta, profunda, anclada en un silencio que permita oír todo lo que allí se dice.

Cada poema da cuenta de una tragedia, narrándola con recursos poéticos certeros que se condensan en una escritura colmada de referencias, de ritmos, de voces y preguntas que nos permiten y obligan a leer y buscar, tanto en el poema mismo como en la historia, lo que se dice y otro poco más. Por eso, Nombres propios es un libro que se lee bien sólo con el tiempo necesario.
Aquí algunos de los poemas de este libro que es sin duda necesario y bello.

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Phoenix
Yo sé que murió el 31 de octubre de 1993 a la 1:51 de la madrugada
cuando salía del Viper Room en las afueras de Los Angeles
tirado sobre el asfalto y hecho un ovillo
en brazos de Joaquín, pero te veo ahí, tan luminoso, tan feliz
que no puedo creer que ya no estés entre nosotros y esa felicidad
en la pantalla repitiendo Stand by me Stand by me mientras se escucha
de fondo la voz generosa y por momentos áspera de Ben E. King
…I won’t cry, I  won’t cry que va del blanco y negro al color de los cuerpos
al ritmo de ese silencio marcado por el rasguido punzante
del güiro que dicta hacia donde nos tenemos que mover y estás ahí
escuchás atento, te reís junto a Will Weathon; estás radiante
te hamacás mientras el mechón rubio flota en la frente so darlin’ so darlin’
y todos nos ponemos a bailar y a cantar junto a King, junto a Will
la canción se enhebra en el sacudir de los cuerpos y entonces
más que de un video clip se trata de una celebración just as long as you stand
aunque cada vez que veo y te recuerdo con la guitarra colgada
no puedo dejar de preguntarme si pensaste en la vida en aquel momento
cuando la cámara retenía unos pocos minutos de intensa dicha. Así River
River Jude Phoenix (1970-1993) puedo invocarte y demostrarme  whenever
you’re in trouble won’t you stand by me que alguna vez estuviste vivo
oh now now, oh stand by me, stand by me, stand by me

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Sonthofen, 1945

Sir Arthur Harris dirigió cuatro incursiones
contra Hamburgo en el espacio de diez noches,
conocidas por“Operación Gomorra”.

RAF Bomber Command

Aquí se entra como alemán reza
el cartel que cuelga apenas de un clavo
sobre la puerta del almacén sin techo
mientras las bombas caen sin piedad
ni cuartel sobre las calles repletas
de escombros, de cuerpos de niños
y mujeres descompuestos.
Los bombarderos zumban
sobre quienes no fueron al frente
de batalla. Los calcina vivos
¿nada debe quedar de ellos? ¿Arderán
como en Sodoma o Gomorra?
Una mujer con el pelo chamuscado
cruza de una vereda de cráteres a otra
con la pequeña valija marrón
en su mano tropieza y se lastima
-una ceja le sangra-, la valija
se abre como una explosión
y cae el cuerpo de su niño muerto.


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Aquí algunos fragmentos de una interesante entrevista al autor que hizo Silvina Friera para Página 12 y recomiendo leer completa
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-20023-2010-11-24.html

 “¿Qué ocurre detrás de esta puerta?” El epígrafe de Edmond Jabés que cita Setton en la primera página de Nombres propios interpela a los lectores en el preciso instante en que abren las puertas de cada poema y se encuentran, por ejemplo, con “el recuerdo de aquellos que ya no están”, como las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, desaparecidas durante la última dictadura; o el poeta Miguel Angel Bustos (“empuño tu espada pero no hay fosa ni libros donde pueda, a veces, ir a visitarte”). La disección de lugares cargados de muerte, como la ESMA y Campo de Mayo –para que “nadie sobre la faz de la tierra pueda dudar de su existencia”–, despliega un modo de volver a interrogar el sentido de esos espacios. “
Hay una manera de percibir cómo se vive y cómo se muere. Lo político, también lo ritual, está en el conjunto, en esa impresión de ‘campo santo a campo abierto’ que señala uno de los últimos poemas y que configura una gran parte del libro.
Creo que en algunos poemas puede prevalecer, en su origen, el material narrativo y en otros lo lírico. Esto, a su vez, depende de cómo se impone en el poema las acciones o las imágenes a medida que escribo. Sin embargo, más allá de esta particularidad, hay una musicalidad poética en cada poema.
Hay una batalla por el sentido, una de tantas, desconfianza y confianza hacia las lenguas en general. No alcanza un solo sistema lingüístico para captar y transmitir aquello que se quiere captar con cada poema y con su sucesión. Pero al mismo tiempo hay un homenaje a Canetti, quien dijo que la mejor manera de darle pelea al fascismo es seguir hablando en la lengua que ellos creen propia. Es no darse por vencido.
En ese sentido, Nombres propios posee una serie de escritores y artistas que funcionan como voces, llamémoslas “ideológicas” y, al mismo tiempo, de vida. Elías Canetti es una de esas voces, Joseph Roth es otra, Pasolini y Jean Amery. Sus actitudes de vida, sus actitudes políticas, que están profundamente entramadas, me sirvieron para encontrar el tono del libro. Son voces lúcidas que a pesar de haber sufrido persecuciones nunca se ubicaron pasivamente en el lugar de ser perseguidos. Más bien no callaron, vieron más allá, y sus intervenciones públicas fueron inquietantes, molestas y difíciles de ubicar.
La pregunta es una forma del lenguaje que me atrapa, me cautiva. Le da un sentido y un tono a lo dicho difícil de asir. No afirma ni niega, no baja línea, pero dice, instala el tema y su correspondiente duda. La pregunta tiene para mí algo que viene de la infancia, de las angustiantes preguntas y visiones de Jeremías en la versión de Stefan Zweig que leía de la biblioteca de mi padre.
Es que el tono del preguntar, esa especie de melodía que está en la oralidad del lenguaje más que en la escritura, nos retrotrae a una cierta dramática, aunque en la estructura del poema no deja de ser un soliloquio: es el sujeto hablando consigo mismo y eso nos lleva al núcleo de lo poético que es la voz. Una voz que habla en soledad y que no tiene un interlocutor que le dé una respuesta.
¿Se gana una pelea sin pelear? Así arranca, con menuda pregunta, uno de los poemas. Algo flota en la mirada del poeta, como si un residuo del pasado se abriera a los codazos para permanecer, unos instantes más, en su retina. Lo que anda por los ojos es una vieja querencia, un cuerpo en el ring. El cuerpo de Nicolino. “Locche es un nombre propio de mi infancia que siempre me cautivó; un boxeador que se defendía sin golpear, una forma poética de boxear”, revela Setton. “Recuerdo cuando tiempo después lo cruzaba en el colectivo 56, sentado solo en el primer asiento de la izquierda con un pucho en la boca, a la madrugada. Me pareció también que incluirlo era poner dentro del libro un momento de quietud, como su propia manera de pelear, si se puede llamar así.
Aquí el hermoso poema visual de Setton, Izcor, con la voz de Osvaldo Bossi, esa voz.

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