1 may. 2011

Diana Bellessi: He construido un jardín para dialogar allí, codo a codo en la belleza, con la siempre muda pero activa muerte trabajando el corazón




                      Querida Diana, gracias por ese inmenso rugido que la belleza de tus palabras hace tronar en mi corazón.

 
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He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.
Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Solo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

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Son los gingo bilova
árboles muy antiguos
descubiertos en la China
a fines del último siglo
Fósiles los llaman
porque vienen de un tiempo
donde todo se ha perdido
¿Perdido? En el denso corazón
de la tierra duermen
marcas de las formas idas
Diseños impresos en las rocas
y rica la materia
orgánica donde duerme,
se disuelve lo que ha vivido
Los gingo, les decía
son árboles gigantes
que crecen lentos y coronan
de bellas hojas
vueltas de oro cuando al otoño
entran. Arbol de los mil escudos
le llamaron. Una raíz
pivotante entrando casi
al centro de la tierra
y el aspecto, de bebé, simple
como la frágil envergadura de un poroto
El gingo se multiplica en dos:
macho y hembra. Sólo la hembra
en su diadema de flores
genera frutos. Redondos y pequeños
un tinte anaranjado
e intenso
olor tienen los frutos. Su pepita adentro
acorazando, la semilla capaz
de atravesar las edades
Usted puede verlos:
hay dos especímenes
adultos en el Jardín
Botánico de Buenos Aires
Cuando declina el verano
la pulpa de los frutos amarillea
y después, caen sobre la tierra despidiendo
su olor intenso
Los gingos son ahora
reclamados por los dueños
de los parques, mas no la hembra
Sólo machos inoloros se demandan
Así, los viveros injertan una vara
macho
sobre todo bebé. Ingeniería
genética. Excluida la hembra al fin:
¿un fósil se hará de un árbol?

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Si así fuera
Tránsito aparencial
y frase
pérdida en un delta del
discurso y de la imagen
jamás completa
Si no hay belleza de la
forma que se yerga
como un halcón sobre el
paisaje
Si así fuera
Pequeña potestad del
anhelo sobre la tierra
¿eres tu propio fin?
¿y el poema
la mesa la madera
el cedro erguido como una
estela del verde tierno
en primavera y el bebé
bajo su sombra sostenido
en ambas piernas por primera
vez
un absurdo epistema?
que genera preguntas que no contienen
respuestas si así fuera

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Marea de mi corazón
déjame ir
en las ligustrinas
como un insecto o como la
misma ligustrina en el rumor
en el rasante
vuelo de las
golondrinas alrededor
de los aleros en la música
minimal donde se hunde
mi vecino mientras tapiza
con golpecitos los respaldos
de las sillas en el sol
rasgado por la brisa
no ser lo otro
lo que mira. Desligarme
del ser hacia aquel
estar mayestático de
la dicha. Alfombra
de orquídeas diminutas
sobre el pasto florecen
antes que la máquina
cortadora de césped
las arrase ¿aprendieron?
Corolas violáceas
enjoyadas que emergen
en cinco días de sus tallos
aprendieron la brevedad?
de la vida sin ser
lo otro que del origen
nos aparta.

Diana Bellessi, El Jardín, Ed. Bajo la luna nueva, 1992


2 comentarios:

  1. simplemente hermosa. gracias por compartilo. un abrazo

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  2. Bienvenido, como siempre, a estas pasturas!

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