8 jul. 2011

Andi Nachon: ojos cerrados y asciende de esta lluvia su celebración. Ojos cerrados si confiás: llueve mi amor






La poesía de Andi Nachon fue una revelación, tengo recuerdos frescos de mi primera lectura de sus Plaza Real y 36 movimientos hasta: un estremecimiento musical, el universo inimitable de sonidos e imágenes -leves y potentes, tan gráciles-.
Anoche festejamos la aparición de Volumen I, en la nueva editorial Peek –a-boo y brindé internamente por este apacible y prolongado romance que tengo con su obra.
Esas son algunas de las imágenes y aquí unos poemas 


La cura: es viernes, estoy enamorada

Una estrella el alóe en tu terraza
permanece firme en su constelación voraz: crasas
cactus y cactáceas
abiertas a la tarde en dignidad. No hay

altruismo para el día a día, la helada o el viento norte en su caída
aunque todo sea ahora resto –plusvalía– suavemente florecida

su incomodidad. De ahora en adelante buscarás
buscarás ligereza, liviandad
machacando a la manera de esos globos
fiesteros que al ascenso vemos a lo lejos
volar liberados por otros quién sabe hacia dónde

con augurios de buena fe o sencillamente
cierta felicidad. Más preciso: esos que aman

a la persona correcta y lo saben o mejor
todavía quienes aman
incorrectamente lo saben y deciden
amar igual. Criaturas raras

estas flores carnosas: rosas intensos, ásperos violáceos y espinas
claro que flores al fin, flores igual. Su inesperada aparición
este corto trajinar. Cada tarde

un final con su principio
el atardecer al oeste siempre y definitivamente
la pérdida es simple y a perder se aprende. Caerán las flores
algunas damas caerán: algo manchadas
al piso y despatarradas. Pero este viernes

mejor elegir ese instante del alóe
brillante contra las sábanas aireadas
su sincronización ordenada: tanta fe
para sostener una estación, esta temporada.

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Skaters

Todo lo que vive, vive para siempre y siempre
acontece tanto. Casi vos dirías demasiado, igual

alguien toma unas breves vacaciones
de sus días cierta tarde, una década
lo mismo da la India o algún taxi
directo a Paternal. Llegada y diferencia: cinco esquinas

mal encuandradas cuando una avenida deviene
avenida contraria. El cielo

el mismo aquí aunque otra forma del invierno, en verdad
su aviso hecho carne y hueso
para vos. Todo

todo esto que vive vive siempre: caen cáscaras, trucks de la tabla
engrasados por apuro o minucia
de novia despechada. Con la práctica

el intento de aquí a un paso
solamente eternidad. Novedad generosa y buen agüero
para este huesped inoportuno del invierno, así dirás: todo

dura y dura demás, incluso el salto tantas veces intentado
sucede ahora solo y se parece tanto
a un salto más. Arriba los árboles

más árboles descarnados, estrellas y vértigo
un edificio demasiado alto. ¿Quién no reclamaría su propio

corazón skater y afinado? O mejor tarde visitante en Paternal

que los fresnos se muestren todavía verdes y escoltando
calles donde podés quedarte, afianzar el sustento diario

una casa adonde dirás: listo

este corazón bien sabe qué late, qué
no pulsará ya.

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Armas y rosas: golpeando las puertas del cielo.
Un poco de paciencia y bienvenida
la jungla ésta
más o menos abierta ante vos. Dirás así

la tarde entera la luminosa
espera de cambio
en integridad suficiente

un como sí de los días: enfrente espléndido el oeste

su explosión

duración completa y no pedida. Esta selva un juego
sin inscripción ni fecha
de caducidad evidente. Subidas

bajadas vertiginosas y tardes donde dirás
hasta yo estoy agradecida. ¿Más? Estampida brillante

recién cruzando la avenida cruzó tus días. Sin seguridad ni control
mi chica dulce

estalla el oeste todo
de nuevo frente a vos.

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Sin dudas: sólo una chica.

Alerta y a contrapelo, si decide en cada otro
ver un otro enemigo de ella
ella puede decir: por dentro

me estoy pudriendo. Así elige fenómenos naturales
coronación y sudestada
para la mañana que insiste cada mañana

con su llegada. Alerta y a destajo

este contrato: corazón desganado
ante la sábana amplísima del verano. Cada otro es otro
cada vez más lejano. Cartonea minucias
migajas
restitos de eso que siente y no quiere

invocar maldad. Miedo dirá y elige
en tosudez y en esto
otro desastre natural.

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La luna: nuestros recuerdos más raros.

Y esa va a ser
nuestra propia temporada en Marimbaud. Dos sillas
galería y sus tardes, una a una fundiéndose en ésta
única tarde final. No es preciso
hablar de quinina, jeringas ni láudano posible. Ese

nuestro tiempo de colonias: exploradores
estancados al calor del atardecer cuando vos

de pronto te parás. Otro felino más del lugar
con diez
kilos bajo tu peso, quizá más. -¿Los caramelos?
volvés a preguntar. Adentro cama en sombras, mesa
con la bolsa de mogul sobre los dos
barbijos que rechazamos usar: un imperio

sostenido por enfermedades crónicas. Sé bien

mi vestido es verde y más allá
el jardín se extiende para gatos dormitando
inconscientes en su capacidad de recordarnos: toxoplasmosis antes sólo

una palabra más
de nuestro amplísimo vocabulario. Y sí, ese verano
nuestra propia colonia avanza, desgastada en el vaivén
cuando no hay vasos

gin, rodajas de lima ni planes
para excursiones venideras aunque la luz
siempre distanciada se abra, casi con ese filtrarse
a través de los cubitos de un trago. Hay imprecisiones

la tormenta niega principio y también final
y así vamos nosotros en un largo
no llegar: mil gatos

el jardín
sus límites nebulosos hacia donde oteamos
como quien espera algo. Poco viene ya y nada

nunca llegará

salvo –destemplados– el anochecer y tu amado
al que consuelo a la distancia mientras adentro
sobre la queja del tubo de oxígeno vos
soñás súbitos prodigios artificiales.

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Los chicos bestiales: cuerpo en movimiento.

¿Y si pudiera ver? Digo: si con ojos abiertos
confiara en eso, ahí visible, obvio ante mí. Si así posible
confianza fuera sobre alguna

permanencia: llueve, afuera las hojas
van a estar mojadas, calles
resplandecientes de gente
en prisa en huída
bajo un aguacero capaz
de hacernos recordar: estás aquí mientras la tormenta
sencillamente avanza. Esos pactos, con igual arrojo y sincronía

el agua cae feroz eriza
copas del fresno el rojo
retenido del reflejo en stop. Cierto

tipo de valor. Pero al fin sólo
cuestiones visibles resultan fiables
al menos para mí. Poco ayuda al alma el don
como un sensor
listo para sonar anunciando
próximo temblor: fatalidad nimia

a tono con la llovizna. Ayuda poco es cierto
decir me gusta demasiado todo esto
así que insisto y sé que aquí

puede estarse sin constancia alguna y casi
sin ninguna redención. Si puedo ver, aceptar lo visto

en eso apenas entredicho: ojos cerrados y asciende
de esta lluvia

su celebración. Ojos cerrados si confiás: llueve mi amor
va a llover.

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