16 dic. 2011

Juan Fernando García: "La valentía de salirse de sí: una cadencia hacia el pasado arremolinado; una estación para dejar pastar las vacas de la memoria.”





El poeta amigo Juan Fernando García supo decir en el blog de las afinidades electivas que la poesía está hecha de “algunas preguntas referidas al paisaje, la memoria y sus límites; algo del orden de la experiencia, del entramado de lecturas como tráfico”.
Aquí algunos poemas de Juan,  una selección personal, en este día en el que pienso en su propio jardín, en la felicidad que le deseo y en la actitud que le celebro, esa “valentía de salirse de sí: una cadencia hacia el pasado arremolinado; una estación para dejar pastar las vacas de la memoria.”

¡Buenaventura!





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7.
Sur. Siempre el viento del sur
desvaneciendo mi intento de crecer
en la reconstrucción de un tiempo
transmigrado haciendo señas
hacia el olvido.

sin fecha

La valentía
de salirse de sí: una cadencia
hacia el pasado arremolinado; una estación
para dejar pastar las vacas
de la memoria. Quien se permite
traspasar el umbral de esta inocencia:
la arrebatada sin muros,
con su plena verdad y sus silencios
¿a quién teme? ¿qué horrible sinrazón la descoloca?
pero nada más. ella. nada dice, sólo llorando
evoca las tardes de su reinado.

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Luego, un ojo del mirar. Otro del ver
Claudia Schvartz

Paseábamos por el barrio chino
mientras repetías hasta el cansancio el poema
que había leído en el restaurante.
Te gustaban tanto esos versos como el nombre del lugar
donde habíamos almorzado. De la tristeza, el poema.
“Todos contentos”, sobre Arribeños. El mismo té rojo
nos llevó a una tarde feliz.
Tu casa daba a una interminable estación
donde deseaba morar para siempre.
Compartimos todo lo que nos era posible: unos libros
que marcábamos con distintos colores
para no confundirnos
(el momento más pleno era cuando las líneas coincidían);
el gusto por el cine francés y el jabón de glicerina;
los desayunos del domingo, llorar escuchando a la Chavela.
La vida en esos tiempos era una línea de luz.
Me había enamorado de tus ojos,
como si en el ambarino cuadro de tu rostro
la dicha me estuviera asegurada.
  

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La gracia
para andi nachon

Busca
en la imposible territorialidad de su mudanza
un objeto nimio: la rosa seca
que se vuelve imagen de una despedida.
Busca en lo que hay de pleno
en la mañana. Papeles, cajas
y más cajas. La fragilidad
no es aparente. Un movimiento
y estalla el jarrón con flores: un poema
evocado y queda solo agua. Una
fresia para su propio surf. No hay
ilusión ni tarde
que conjure
los misterios de vidrios
amontonados en la palita verde.
Quisiste la exaltación, la alegría
como muestra de desinterés; otra tarde
otras tardes para mitigar este sábado.
Alguien que obsequie la última sonrisa.


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Pintura
Una línea, extensa la mirada hacia el poniente
trazo que no informa y sin embargo
encarna la propia biografía.

Olas, ondas en el mar de la tela
lo que sorprende en rojo descansa en verdes.
La transparencia de los bosques
la luna irradiando desconfianza
es noche del paisaje
ni cuerpo ni memoria del cuerpo
el templo armado por el ritual del miedo.

El temblor. Tintinear de cuentas. Todo en oros trastocado
y para el final, una reserva:
silencio de manada.

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Del libro inédito Morón



Paseo. Día 1

En medio de la tarde,
cuando ya nada
del recorrido por la casa
queda
viene Morón con su felicidad a cuestas,
me ve teclear,
leer en la pantalla,
hojear los libros que en la mesita
de la derecha esperan
y posa sus patas en la silla
para acercarse a un brazo
extiende su cuello
y quiere darme besos.
Puede que esa postura erguida
la mantenga varios segundos.
Después se arroja al piso
aguardando mi mano
confirmando que es hora
de una nueva salida.


Paseo. Día 2

Será por ese movimiento de derecha a izquierda
en la insistencia izquierda, derecha
de su cola, que seguirlo da alegría.

Dina pregunta desde el norte:
“¿cómo está el perrito que mira a los ojos?”

también, los facultativos insisten
en reconocer en su expresión
la inteligencia.

Pasamos las estaciones en casa. Felices juntos
atravesamos este verano
echados, con un ventilador en el rostro,
sonriendo.


Escena de la vida doméstica


De aquí, la limadura de oro impresa en la ventana;
se escuchan gritos en el fondo,
cacarea una vecina

y es lo que no se ve, lo que no se oye
una muralla que la imaginación pondera.

Bajamos las persianas
para ser un poco más íntimos,
no descubrirnos en ese cruce de miradas
que nos delatarían.
Juegos impertinentes
y el desconcierto en forma de pantera
salta a vibrar y armarse de coraje.

Aliento a después. Una hoja cae,
siempre caen hojas y del pasado a esta hora:
el mundo atravesado por tu nombre.


Los placeres y los días


Este mediodía de agosto trae
–en el reverso mental
que dejan las clases, las teorías
sobre la escritura–
aromas de una lluvia que niega
su aparición tan anunciada.

Dejo lo que estoy leyendo,
apunto en fotologs familiares
comentarios sobre flores y comidas;
un artista de mi generación alaba
al capitalismo:
esa es su postal desde Miami.

Todo se desvanece en esa bruma:
las razones en el centro
de lo que aquel poema devolviera en sorna.

Un pájaro rompe con su piar lejano
la monocorde insistencia de la maza
sobre la medianera.

¿Se puede entrar en trance, olvidar el martillazo
interminable?, me pregunto, alejado ya
de toda filosofía.

Avanzan las nubes,
la vuelta al trabajo.
En el balcón sentados, Morón y yo
reconcentrados en nuestros pequeños universos
de estos placeres y estos mediodías.

Paseo. Día 6

De antiguas formas, aún guarda secretos el perro:
todo territorio urbano una planicie.
Ni calles ni veredas ni árboles que rechazar.
Avanza, mira a su paso a niños y ancianos
que le devuelven con gentileza una sonrisa.
Sociable, íntegro en estas geografías.
La casa también es la morada perfecta.

Algunas noches, pide un lugar en la cama estrecha.

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Juan Fernando García nació en Necochea, 1969. Publicó los libros La arenita (2000), Todo (2004) y Ramos generales (2006). Más poemas en http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/07/juan-fernando-garca.html

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