7 mar. 2012

Mori Ponsowy: Al final de su vida mi madre empezó a hablar en mí.





Conmovedor poema de Mori Ponsowy.
¡Buena y larga vida, amiga!

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Mi madre y yo

Había que hablar del tiempo.
Al fin y al cabo no era tan difícil:
del aguacero inesperado
y de cómo barrió las últimas chicharras,
del picaflor que hizo un nido
en el jardín y venía a la cocina a saludar,
de la flor del apamate,
el perfume de los bucares,
o la dirección del viento.

Había que hablar del tiempo.
Pero qué podía importarme el tiempo,
si me importaban las teorías y los libros,
si me importaba el sexo y, sobre todo,
el acontecer único y descomunal
de mi propio corazón. Al lado suyo,
nada eran las nubes y su dirección
impredecible, los pronósticos
del Observatorio Cajigal
para el día siguiente.

Como ostras en el fondo del mar
cultivamos una perla de silencio entre las dos.
Alguna vez ella intentó acercarse,
abrir apenas su cápsula bivalva,
estirar su seudópodo hasta acariciarme.
Pero era pegajoso y húmedo,
empezaba a tener los signos de la vejez,
y mi piel se erizaba con su tacto. Yo cerraba
mi propia nave. Y hacía crecer la perla.

No se me ocurrió que mi seudópodo era
tan baboso como el suyo, que la carne
de mis brazos pronto también sería pellejos.
Me enorgullecía de esa perla. Era mi grito
de batalla. Me hacía distinta del mundo.
Distinta de ella, que sólo sabía
hablar del tiempo.

Hasta que un sábado no habló más.
Se levantó de la cama
y cayó con un estruendo. Desde el piso,
sus ojos asustados me miraban.
No había gritado. Apenas el brazo
que se le movía solo,
golpeándole el rostro
una y otra vez. Un coágulo,

dijeron los médicos. Después
se fue calmando el brazo y, muy despacio,
ella volvió a caminar. Pero nunca más habló.
Ni siquiera del tiempo.
El mundo era la perla. Mi madre
me miraba, sus ojos tristes llenos de preguntas
que yo no podía adivinar.

Entonces empecé a hablarle del tiempo.
Y fueron ráfagas, fueron soles,
fueron cúmulos y vientos planetarios.
Acaricié sus brazos de piel delgada
una y otra vez. Pasé mis dedos por su pelo.
Estábamos juntas.

Al final de su vida,
mi madre empezó a hablar
en mí.

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Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado el libro de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA), y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres) y "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010). Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).



3 comentarios:

  1. Gracias Mercedes por colgar el CONMOVEDOR poema de Mori. Cariños,
    MTeresa
    www.teresaandruetto.com.ar

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  2. Merce, especial este poema de Mori. Una larga e intrincada historia la de madres e hijas.

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  3. gracias Mori por ponerme en palabras
    gracias Mercedes por traer el poema

    abrazos a ambas

    Inés

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