6 nov. 2013

SEAMUS HEANEY/ Mis hijos lloran la calurosa noche extranjera.






Acta de unión




I



Esta noche, un primer movimiento, un pulso,

como si la lluvia se acumulase en el pantano

hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,

un tajo abriendo la cama de helechos.

Tu espalda es una firme línea de costa del este

y brazos y piernas se prolongan

más allá de tus colinas graduales. Acaricio

la palpitante provincia donde creció nuestro pasado.

Soy el reino elevado por encima de tus hombros

al que no halagarías ni puedes ignorar.

La conquista es mentira. Envejezco

tolerando tu orilla semi-independiente

dentro de cuyos límites ahora mi legado

culmina inexorable.



II



Imperialmente soy varón todavía,

dejando para ti todo el dolor,

el proceso de rendición en la colonia,

el ariete, la barrera que explota desde dentro.

El acta germinó en una obstinada quinta columna

cuya postura crece de forma unilateral.

Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra

que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios

e ignorantes puños pequeños

ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí

por encima del agua. No veo ningún tratado

que ponga a salvo por completo

tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor

que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más.



De "Norte" 1975



Casa de verano



I



¿Era el viento de los vertederos

o algo en el calor



que nos seguía los pasos, con el verano agriándose,

y un nido pestilente incubando en algún lugar?



¿De quién era la culpa?, me preguntaba, inquisidor

del aire poseído.



Para de pronto descubrir,

al levantar la estera



que había larvas, moviéndose-

e hirviendo, hirviendo, hirviendo.



II



Mientras arreglo la puerta, con mis brazos

repletos de cereza silvestre y rododendro,

a través de la entrada escucho su perdido

gimotear, que, carraspeando, tintinea

mi nombre, una y otra vez.



Oh amor, he aquí la culpa.



Las flores sueltas entre nosotros

se reúnen, componen

una especie de altar del mes de mayo.

Estos capullos francos y caídos

se tiñen pronto del color de un dulce bálsamo.



Asiste. Unge la herida.



III



Oh atendimos nuestras heridas con corrección

bajo la dulzura hogareña



y yacemos como si la superficie fría de una hoja

nos hubiese dejado sin aliento.



Postulo más y más

curas gruesas, como ahora



cuando te doblas en la ducha

el agua vive cayendo por la pila bautismal de tus pechos.



IV



Con un definitivo

impulso nada musical

largos granos empiezan

a abrirse y se separan



hacia adelante

y de nuevo agotamos

el blanco, pateado

camino al corazón.



V



Mis hijos lloran la calurosa noche extranjera.

Caminamos por el suelo, mi boca podrida se desahoga

contigo y yacemos rígidos hasta que el alba

acude a la almohada, y al maíz, y la viña



que sostiene su plena carga hacia la luz.

Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos

estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad -

nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón.



De "Invernando" 1972



Conduciendo de noche



Los olores cotidianos eran nuevos

en el viaje nocturno a través de Francia:

lluvia y heno y bosques en el aire

creaban cálidas corrientes de aire en el coche abierto.



Los postes blanqueaban sin cesar.

Montreuil, Abbeville, Beauvais

se prometían, prometían, llegaban y se iban,

garantizando cada lugar el cumplimiento de su nombre.



Una tardía trilladora gruñía por el sendero

sangrando semillas a través de su luz.

Un incendio forestal se extinguía.

Uno a uno cerraban los pequeños cafés.



Pensé en ti de forma continua

unas mil millas al sur donde Italia

apoya su lomo en Francia en la esfera oscurecida.

Tu cotidianeidad se renovó allí.



De "Puerta a la oscuridad" 1969





Día de boda



Tengo miedo.

El sonido se ha parado en el día

y las imágenes se repiten

sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas,



el pesar salvaje en su rostro

fuera del taxi? Crece

el jugo del lamento

en nuestros invitados que saludan.



Tras la gran tarta estás cantando

como una novia abandonada

que persiste, demente,

y que atraviesa el ritual.



Cuando fui a los lavabos

había un corazón con una flecha

y palabras de amor. Deja que duerma

recostado en tu pecho, camino al aeropuerto.



De "Invernando" 1972





El metro



Ahí estábamos corriendo por los túneles abovedados,

tú deprisa delante, con tu abrigo de estreno

y yo, yo entonces como un dios velocísimo ganándote

terreno antes de que te convirtieras en un junco



o alguna nueva flor blanca salpicada de rojo

mientras el abrigo batía salvajemente y botón tras botón

saltaban y caían, dejando un rastro

entre el metro y el Albert Hall.



De luna de miel, luneando, ya tarde para el Baile de Promoción,

nuestros ecos mueren en ese corredor y ahora

vengo como lo hizo Hansel sobre las piedras iluminadas por la luna

recorriendo el sendero de nuevo, recogiendo botones



para acabar en una estación con corrientes de aire y luz de lámparas

cuando los trenes ya se han ido, las vías húmedas

desnudas y tensas como yo, todo atención

por si tus pasos me siguen, pero antes muerto que mirar atrás.



De "Station Island" 1984



Todas las versiones son de Vicente Forés y Jenaro Talens tomadas del blog http://blog.lsf.com.ar/



No hay comentarios:

Publicar un comentario