14 ago. 2011

Las 990 lecturas de Un arte de Elizabeth Bishop: Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso reino que era mío, dos ríos y un continente.




Ayer en la linda lectura que organizó peak-a- boo en el Espacio ecléctico, tres poetas, tres fotógrafos, la fotógrafa Julieta Escardó leyó una versión de Un arte de Elizabeth Bishop y dijo que había leído ese poema, cada día, o por lo menos unas 990 veces, me dieron ganas de decirle que yo también y que cuando puedo me pongo en la pesquisa de una nueva versión del poema ya que hay cientas.

Hoy entonces, nos regodeamos una vez más en la lectura del poema de nuestra amada Elizabeth y ya dirán los lectores sus preferencias a la hora de versionar traducciones.



(Fotografía de Julieta Escardó)



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One art

The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.


--Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied.  It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

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El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, las horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.
Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.
Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.


(Traducción en versión de la película “In her shoes” tomado de
http://derepenteundia.blogspot.com/2007/02/un-poema-de-elizabeth-bishop.html)


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El arte de perder no es un arte difícil;
tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico.

Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es un arte difícil.

Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas es demasiado trágica.

Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido
la última, o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es un arte difícil.

Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica.

Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio
que el arte de perder no es cosa muy difícil
aunque parezca a veces (¡anoten!) algo trágico.


(Traducción en versión de Ezequiel Zaidenwerg en
http://zaidenwerg.blogspot.com/)


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El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, las horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.

Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.



:::::::

No es difícil dominar el arte de perder;
hay tantas cosas que parecen colmadas por el deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la confusión
de las llaves extraviadas, de la hora desperdiciada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Practica después perder más, y más rápido
lugares, y nombres, y tierras a las que pretendías
viajar. Ninguna de estas pérdidas será devastadora.

He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última, o
la penúltima de las tres casas que he armado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, hermosas ciudades. Más aún,
vastos reinos que poseía, y dos ríos, y un continente.
Los añoro, pero no fue un desastre.

Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habría mentido. Es evidente
que no es muy difícil dominar el arte de perder
aunque eso parezca (¡escríbelo!) un desastre.


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El arte de perder no es difícil de aprender;
tantas cosas parecen llenas con la intención
de ser perdidas que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta el fastidio
de perder las llaves de casa, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de aprender.

Después practica el perder más allá, perder más deprisa:
lugares, y nombres, y a donde sea que pensabas
viajar. Nada de eso traerá ningún desastre.

Yo perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! mi última, o
penúltima, o mis tres casas favoritas se esfumaron.
El arte de perder no es difícil de aprender.

Perdí dos ciudades, encantadoras. Y, vastos,
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los echo de meno, pero no fue un desastre.

Incluso habiéndote perdido (la voz chistosa, un gesto
que amo) no estaría mintiendo. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil de aprender
a pesar de que pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.


NOTA: La traducción es mía. El poema original, "One art", puede encontrarse fácilmente en Internet.
Luis Miguel Santos (en su cuenta de Facebook)

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El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Tantas cosas parecen empeñadas
en perderse, que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta el tumulto
de llaves de puertas perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías. Nada de esto será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre, y -¡mira!- la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Perdí dos ciudades, ambas adorables. Y, más ampliamente,
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.
-Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
de amor) no habré mentido. Es evidente que
el arte de perder no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) un desastre.

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Este arte de perder
No, no es difícil adquirir el arte de perder:
hay tantas cosas empeñadas en
perderse, que su pérdida no importa.
Pierde algo cada día, acepta el río
de llaves que se pierden, horas malgastadas.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.
Practica entonces perder más, más rápido:
nombres, lugares, ¿para adónde ibas?
Ninguna de estas cosas es desastre.
Perdí el reloj de mi madre, y -fíjate- la última
o la penúltima casa querida que tuve.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.
Perdí mis dos adoradas ciudades, e incluso
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no es un desastre.
-Incluso si te pierdo a ti (tu voz bromista, esos gestos
que adoro) no habré mentido. Es obvio
que el arte de perder no cuesta ni tanto adquirirlo
aunque por momentos parezca que (¡escríbelo!) sí es un desastre.

Versión de Germán Carrasco


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Un arte

El arte de perder no es nunca un lastre;
toda cosa a perderse está marcada
y perderla no es signo de desastre.

Perdemos cada día. No te castre
perder llaves, la hora mal empleada.
El arte de perder no es nunca un lastre.

Practica el perder más, que ello te arrastre:
nombres, lugares, la excursión planeada
pues nada de ello te traerá un desastre.

Perdí el reloj de mamá. !Y ve pillastre¡:
mi última o casi última morada.
Aprender a perder no es nunca un lastre.

Perdí ciudades, galas de un buen sastre,
reinos que tuve, ríos, tierra amada.
Cosas que extraño, mas no es un desastre.

- Hasta perderte (voz jovial, semblante
que amo). No miento. Es cosa evidenciada:
el arte de perder no es nunca un lastre
aunque parezca (¡escríbelo!) un desastre.

http://balcondepoesia.yuku.com/topic/2435/Un-Arte-Villanela-de-Elizabeth-Bishop

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